Mentí para no dañar el presente, pero dañé el futuro que aún no llega. Decidí sobrevivir un tiempo más para comprar gasolina y leer otro libro.
No hablamos con las personas que se aseguran animales libres. (Depende de ellos, depende de ello, ello depende). Regreso mil años y repito otra vez, las elecciones. No entiendo, ¡las pilas son nuevas!.
El molino gira, las presas se contienen apretadas.
¿Hoy es 4 de octubre?
Tu lindo vestido está envejeciendo. Puedo dirigir la orquesta sin batuta ni señas, dormida en el desierto.
Tenemos repetido el corazón en la axila y entre los dedos.
Somos cinco en rayas, somos cinco rayas. Blanco, azul, blanco, azul, blanco.
Así de fácil inventa uno una historia, ¿o una historia lo inventa a uno?
Botón rojo.
Cuidado, papá, esa escuela te puede destruir. Te ofrezco mis brazos de papel.
Una palabra es suficiente, estoy tratando de encontrarla.
Cae el mundo sobre mí con toda su humanidad.
Sin comentarios.
martes, 4 de octubre de 2011
miércoles, 28 de septiembre de 2011
La cama/Los huesos
No entiendo la descomposición de mis cama y el acomodo de mi colchón, pero mientras trato de acomodar todo, pienso en él.
Extraño su bigote de pistolero y que me platique de sus ridículas aventuras con otras mujeres. Es una contradicción en carne y hueso, pero él no se contradice, él tiene claro su terror por el amor y sus guitarras favoritas, esconde su cariño por su perro, pero lo tiene claro. Sabe lo que falta, sabe lo que pasa...sí sabe, o tal vez quiero pensar que sabe.
Mi edredón es naranja.
Me cobijo bajo él. -No bajo el edredón,-
bajo sus huesos donde se juntan nuestras articulaciones muy de vez en cuando y rechinan de miedo porque lo que pasa entre nuestras pieles juntas no tiene una clara explicación.
Se queda varias veces quieto, como esperando a ser levantado por un ovni, pero cuando se mueve es ágil y huele bien y no teme a todo, solo a lo que tiene explicación.
Entiendo. Mi cama es un desastre porque así me gusta, como me gusta él, que también es un desastre.
Necesito tenderla, ya llevo días así, con las sábanas hechas nudos y las almohadas en los pies. Tal vez haya uno que otro animal por entre las cobijas. Seguro no es el animal que quiero.
El desastre soy yo.
Extraño su bigote de pistolero y que me platique de sus ridículas aventuras con otras mujeres. Es una contradicción en carne y hueso, pero él no se contradice, él tiene claro su terror por el amor y sus guitarras favoritas, esconde su cariño por su perro, pero lo tiene claro. Sabe lo que falta, sabe lo que pasa...sí sabe, o tal vez quiero pensar que sabe.
Mi edredón es naranja.
Me cobijo bajo él. -No bajo el edredón,-
bajo sus huesos donde se juntan nuestras articulaciones muy de vez en cuando y rechinan de miedo porque lo que pasa entre nuestras pieles juntas no tiene una clara explicación.
Se queda varias veces quieto, como esperando a ser levantado por un ovni, pero cuando se mueve es ágil y huele bien y no teme a todo, solo a lo que tiene explicación.
Entiendo. Mi cama es un desastre porque así me gusta, como me gusta él, que también es un desastre.
Necesito tenderla, ya llevo días así, con las sábanas hechas nudos y las almohadas en los pies. Tal vez haya uno que otro animal por entre las cobijas. Seguro no es el animal que quiero.
El desastre soy yo.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Garras
Piel muerta,
piel dejada,
asoleada
moretada
manoseada.
Patrullas rojas,
luces y viento,
el frío invade el piso
el piso invade el pie.
Las ansias,
el agua,
las garras.
La multitud.
piel dejada,
asoleada
moretada
manoseada.
Patrullas rojas,
luces y viento,
el frío invade el piso
el piso invade el pie.
Las ansias,
el agua,
las garras.
La multitud.
lunes, 12 de septiembre de 2011
Enamorada de un mosquito.
Estoy enamora de un mosquito.
Lo conocí cuando se acercó a mi brazo izquierdo y comenzó a comerse mi sangre, se infló naranja y lo aventé muy lejos. Me dolió el corazón y me puse con una lupa a buscarlo por el piso mojado. Lo encontré y lo sequé con un algodón, lo soplé con cuidado y abrió los ojos. Nadie me había mirado así, nadie me había había echo sentir eso. Me volví loca por él en ese momento. Se levantó con cuidado pero no podía volar, sus alas estaban débiles y aún un poco mojadas. Le acerqué mi dedo para que subiera por el y lo acerqué a mi nariz. Levantó una pata y la tocó. -El único-
Era de noche y yo estaba cansada, lo puse en la mesa de al lado de mi cama sobre mi libreta de secretos y me quedé dormida. Al día siguiente desperté y seguía ahí, había leído toda la libreta y me sentí desnuda ante él, desnuda ante un mosquito. Se veía flaco de nuevo y puse mi brazo para que desayunara.
No se si fue una sonrisa, es dificil distinguir una sonrisa en un ser tan pequeño, pero yo sentí que si, que me sonrió y le sonreí también.
Pasaron los días y el no se iba, sus alas ya podían moverse perfectamente, podía irse en cualquier momento sin que yo pudiera detenerlo, pero se quedó ahí, al lado de mi, a donde yo fuera el iba conmigo al lado de mi oreja susurrando cosas. Fuimos felices, compartiedo el tiempo y la sangre, los secretos y los ruiditos... Pero un día otro mosquito vino a comer de mi y lo aventé... no pude evitarlo. Mi mosquito se fue a ayudar al nuevo y se enamoró de ella.... Me avandonó y lo entendí, pero mi sangre ya no fue la misma, ni mi nariz, ni mis secretos.
Un día me enamoré de un mosquito, no duró, pero no he podido olvidar.
Lo conocí cuando se acercó a mi brazo izquierdo y comenzó a comerse mi sangre, se infló naranja y lo aventé muy lejos. Me dolió el corazón y me puse con una lupa a buscarlo por el piso mojado. Lo encontré y lo sequé con un algodón, lo soplé con cuidado y abrió los ojos. Nadie me había mirado así, nadie me había había echo sentir eso. Me volví loca por él en ese momento. Se levantó con cuidado pero no podía volar, sus alas estaban débiles y aún un poco mojadas. Le acerqué mi dedo para que subiera por el y lo acerqué a mi nariz. Levantó una pata y la tocó. -El único-
Era de noche y yo estaba cansada, lo puse en la mesa de al lado de mi cama sobre mi libreta de secretos y me quedé dormida. Al día siguiente desperté y seguía ahí, había leído toda la libreta y me sentí desnuda ante él, desnuda ante un mosquito. Se veía flaco de nuevo y puse mi brazo para que desayunara.
No se si fue una sonrisa, es dificil distinguir una sonrisa en un ser tan pequeño, pero yo sentí que si, que me sonrió y le sonreí también.
Pasaron los días y el no se iba, sus alas ya podían moverse perfectamente, podía irse en cualquier momento sin que yo pudiera detenerlo, pero se quedó ahí, al lado de mi, a donde yo fuera el iba conmigo al lado de mi oreja susurrando cosas. Fuimos felices, compartiedo el tiempo y la sangre, los secretos y los ruiditos... Pero un día otro mosquito vino a comer de mi y lo aventé... no pude evitarlo. Mi mosquito se fue a ayudar al nuevo y se enamoró de ella.... Me avandonó y lo entendí, pero mi sangre ya no fue la misma, ni mi nariz, ni mis secretos.
Un día me enamoré de un mosquito, no duró, pero no he podido olvidar.
domingo, 4 de septiembre de 2011
Notas cortas
Perdí mis ideas, perdí mi cabeza
-mis hijas-
Perdí lo que no se compra
lo que no se repone
Perdí un puñado de poemas
y la música
y los años.
El caos me rodea en las noches
y no aprendo, no paro.
Perdí el metal y la piel
pero no me importó, no me dolió
como perder el futuro
y el esfuerzo.
Perdí lo irremplazable,
lo irrepetible,
lo innombrable.
Y tengo que empezar otra vez.
-mis hijas-
Perdí lo que no se compra
lo que no se repone
Perdí un puñado de poemas
y la música
y los años.
El caos me rodea en las noches
y no aprendo, no paro.
Perdí el metal y la piel
pero no me importó, no me dolió
como perder el futuro
y el esfuerzo.
Perdí lo irremplazable,
lo irrepetible,
lo innombrable.
Y tengo que empezar otra vez.
domingo, 28 de agosto de 2011
Domingo
Hoy sentí el fin del mundo
Vi las nubes negras desde lo alto de la montaña
y las luces de una ciudad entera
-enferma-
La neblina se comió al cerro
y salí del calor a la lluvia fría
que me golpeaba
-las gotas galopaban sobre mí como caballos veloces y desesperados-
Tenté a la persona que estaba a mi lado
sentí una silueta, pero al voltear descubrí que no tenía cara.
Hoy sentí partirse el suelo, sentí morir la gente y oí gritar al agua.
No era nadie. No era nada.
Prendí una luz para ver mejor, para ver el camino lodoso.
Una sílaba vino a mi mente, solo una.
No grité porque no estaba segura, pero bajé del cerro para ver mejor a mi gente.
Todo igual. Todos salvos. Un domingo tranquilo.
Y una ligera decepción se apoderó de mi.
viernes, 12 de agosto de 2011
El poder del jardín
Tengo un jardín pequeño en mi casa, casi nade lo conoce,
-está oculto-
Se llenó de flores hace tiempo,
flores y plantas grandes,
las sembró mi abuela hace más 19 años
y nunca han muerto.
Lo visito para fumar mis penas y alegrías
cuando tengo tiempo y me acuerdo de él.
Desde aquí se ven plantas ajenas y se escuchan gritos de horror de las casas vecinas, pero no me asusta nada de eso.
Me asusta el olor fresco del limón
porque me recuerda al sentimiento por el que me fui
-nos fuimos-
de aquí y es el mismo olor por el que regresé
-sola-.
Me asusta no ver el árbol de papaya y ver en vez de eso un hoyo negro.
La señal del internet llega hasta aquí y eso no me agrada, no me agrada nada.
Me gustaría que no tuviera paredes y no tuviera cemento,
siento que se pega, siento que el cemento y las paredes son contagiosas como una peste.
Sin embargo así es, tiene mierda de perro y macetas rojas, una muralla que lo convierte en fortaleza y también en cárcel, botellas de vidrio y flores de colores...
Tener éste jardín me da un poder gigante, un poder de sembrar naranjas o de cosechar raíces y no cualquiera tiene ese poder.
-está oculto-
Se llenó de flores hace tiempo,
flores y plantas grandes,
las sembró mi abuela hace más 19 años
y nunca han muerto.
Lo visito para fumar mis penas y alegrías
cuando tengo tiempo y me acuerdo de él.
Desde aquí se ven plantas ajenas y se escuchan gritos de horror de las casas vecinas, pero no me asusta nada de eso.
Me asusta el olor fresco del limón
porque me recuerda al sentimiento por el que me fui
-nos fuimos-
de aquí y es el mismo olor por el que regresé
-sola-.
Me asusta no ver el árbol de papaya y ver en vez de eso un hoyo negro.
La señal del internet llega hasta aquí y eso no me agrada, no me agrada nada.
Me gustaría que no tuviera paredes y no tuviera cemento,
siento que se pega, siento que el cemento y las paredes son contagiosas como una peste.
Sin embargo así es, tiene mierda de perro y macetas rojas, una muralla que lo convierte en fortaleza y también en cárcel, botellas de vidrio y flores de colores...
Tener éste jardín me da un poder gigante, un poder de sembrar naranjas o de cosechar raíces y no cualquiera tiene ese poder.
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