Powered By Blogger

jueves, 10 de mayo de 2012

Para todos


Les doy amor no solo porque son míos y soy suya desde el inicio de los tiempos
también porque me inspiran la fealdad y la belleza
Los amo porque son parte de este lodo en el que piso
y soy lodo que pueden pisar
Los amo porque son vida y muerte
los amo de verdad
Hoy, no solo porque extraño, no solo porque vibro, no solo porque escucho, les deseo
una radiación de sueños mortales
les deseo un infinito de gozo y de sufrimiento
les deseo mar y tierra firme
espero que todos tengan casa y ganas de ser vagabundos
Los necesito a todos, juntos y separados como los planetas y las galaxias
les deseo que se sientan animales que piensan y viven conmigo, en mi y más allá
les deseo que fumen y que se emborrachen
que puedan estar sobrios y limpios
y que sepan que la vida es amplia y corta
y útil, llena de energía y sorpresas
No deseo que les guste lo que digo, deseo que deseen sentir la tierra vibrar bajo su cuerpo, entre su cuerpo, sobre su cuerpo
Deseo que disfruten su corporalidad y los vacíos llenos de aire que significan más que eso
¿Puedo pedirles algo? ¿Puedo? No desaprovechen el tiempo, no desaprovechen a los amigos, que podemos ser todos, no desaprovechen a los enemigos, que podemos ser todos…
Si ven el vacío: estréllense en él, húndanse y háganse uno con él
Y si no lo ven aún, lo verán en el algún momento y ahí estaré yo, como han estado ustedes, a sus maneras, para agarrarme la carne y el alama y estabilizar mis miedos.
Les doy amor, no solo porque necesito, también porque quiero

martes, 8 de mayo de 2012

Desapariciones

La primavera en tus brazos
en los que florecí dando y recibiendo
-jugo dulce y amargo de nuestra carne-
Fui como un río desbocado
-húmedo y caliente-
Entraste, penetraste y te difundiste
-mis piernas me parecieron abismales-
Tengo la imagen aún grabada
como radiación vital en todo el cuerpo

Hoy bebo sola en la luz derramada de la noche
-me envuelve-
La estación aún es primavera
pero justo ahora yo soy invierno
-tiritando el calor ausente de tu cuerpo-
¿Seré contigo uno nuevamente en el tiempo, con el tiempo?

Julián

-Lo haces mucho mejor que Juan, te lo aseguro.
-¿De verdad? ¿Tu crees?
-No tengo la menor duda. Yo suelo formar una capa de duda y hostilidad siempre con los hombres que hacen eso pero contigo esa capa desapareció. Eres un artista.
-No tienes que halagarme, se que no sientes eso y no hay problema.
-Tampoco intentaré convencerte. Haz lo que quieras, pero... te digo, podrías hacerlo profesionalmente.
-¿Cómo dices que te llamas?
-Romina.
-Romina, tienes los ojos más bonitos y tenebrosos que he visto en mi vida, se ven llenos de lodo y mentiras. No sé si creerte.
-No tendrías por qué, te acabo de conocer...
-Y ha sido un placer.
-Adiós, Julián.

Romina se alejó y no se volvieron a ver. Ella regresó con Juan a su casa y tuvieron sexo olor a galleta tres veces esa noche. Julián no dejaba de pensar en ella y su corto encuentro. Esos ojos de espada que lo partieron en dos y en tres y en cuatro, lo multiplicaron y lo hicieron sentir más poderoso que nunca. A pesar de su falsa modestia e incredulidad supo esa noche su camino: lo iba a hacer profesionalmente e iba a triunfar. Lo vió todo. Si esos ojos habían dicho que era mejor que Juan era cierto.

Romina amaneció en una cama vacía sintiendose terrible del estómago. Fue a vomitar al baño y después tomó un alka-seltzer. Recordó la noche anterior y su encuentro con Julián, el tan hablado hombre al que todos rechazaban, al que no le veían una pizca de futuro ni de talento, al que nadie admiraba ni tomaban en cuenta. "Pobre hombre", pensó, "¿para qué le dije que sus galletas estaban ricas?".


Fabián

El mesero de nombre Fabián me dijo "señorita" con mucha dulzura.
-¿Todo bien, señorita?
-Todo bien, gracias.
Cuando el me dijo su nombre yo no dije el mío y el no preguntó, mejor así, me dije. Iba casi en pijama y mis ojos se veían pesados y turbios. Aún así le sonreí. Se alejó y seguí leyendo. Cuando leo hago muecas como si fuera todos los personajes en uno, no lo puedo evitar. Miré a mi al rededor para ver si alguien había visto la vergonzosa mueca que acababa de hacer, era como de asco y sorpresa. Nadie, mas que Fabián con una carjacada apretada en su boca. Bajé la mirada y me dió un golpe de calor por la pena. Se acercó de nuevo a preguntarme si estaba yo bien y no aguanté la risa. Reímos los dos, mucho, una risa que no tenía que ser explicada, una risa dulce, como todo él, una risa que limpió la lluvia que acababa de caer. Nunca más volví a ese café, el café era muy malo, pero recuerdo a Fabián como un perro recuerda al bombero que lo rescató.

martes, 10 de abril de 2012

La roca que soñaba con ser mujer.


Se acurrucó en su cama mientras temblaba. Tendió dos cobijas más, las que pone uno al borde de la cama por si a mitad de la oscuridad le agarra a uno el frío, y se hizo bola.  Le dolían los pechos de la forma en la que solo a las mujeres les pueden doler, como si hiciera un frío monumental y una falta de abrigo o de brassiere. Pero no hacía frío, eran a penas las 12:56 pm y el termómetro de la casa marcaba 27º. Pero le ardían, ¡se le incendiaban los pechos! Desde pequeña se sintió defectuosa pero en ese momento más que nunca. Las tetas saben cosas distintas a las demás partes del cuerpo. Agarró su almohada y se la juntó al torso para probar si así dispersaba esa terrible sensación. Todo igual. Se frotó las manos, se echó baho y las metió por entre su vestido de flores y se tocó. Ya no eran pechos, sino rocas. Quiso gritar de espanto pero su lengua le pesó demasiado, se la tocó y estaba rígida y sintió el peso de su cuerpo sobre el colchón: excesivo. Pasó sus manos por las cobijas que tenían una consistencia de hojas de eucalipto y las recorrió por todo su cuerpo, todo era tan duro y sospechoso que decidió hacerse un té y llamar al doctor, pero cuando intentó pararse no pudo y cuando intento abrir los ojos lo mismo. No veía nada más que la oscuridad grisácea que los párpados permiten. Intentó calmarse y recordar lo que había echo antes de toda esa desastrosa tarde. Lo descubrió y se sintió tranquila y entendió todo y siguió durmiendo.

domingo, 8 de abril de 2012

El caldo de ojos


Lo alejé, lo alejé, se alejó. No enojado, ni triste, ni amargo, solo solo y sin calcetines. Me mordí de inmediato las uñas. No arrepentida, ni asustada, ni dulce, me mordí parada en medio de la calle con un paragüas dorado. Se mudó de casa y dejó sus cosas, dejó sus ojos también. Dijo que no los necesitaba, que con sus oídos bastaba. No lo dijo por vergüenza, ni por desprecio, solo llegó el momento en el que se arrepintió y quiso volver por ellos. Pero yo ya me los había comido. No por hambre, ni por venganza, ni por tener otro par. Los comí porque no tenía coles para hacerme un caldo. El error, el único error, fue que nunca me pude encontrar yo misma, no por la oscuridad, ni por tanta agua, sino porque sus ojos ya no existen.

Ya no me veo en el espejo
  y me veo mejor
Más voces que nada
Y el si y el no
el sonido y el silencio
el humo y la claridad
¿por qué no se asustan?
No es lo mismo decir “me quedo” que “me quedo”.
   no es lo mismo
¿se entiende lo que digo?
Me asusta más a mí que a todos ustedes.