Powered By Blogger

miércoles, 23 de enero de 2013

Archivos

-Espera...

Fue, buscó en los archivos de su cabeza, encontró, regresó y se terminó de morder un padrastro. Volvió con lo que fue a buscar:

-¡Ramiro, se llamaba Ramiro!

Curiosidad

Y me pregunto ¿cómo el escribir una cosa tan sencilla lo hizo creerse mejor que nadie? / ¿Se puede confiar en gente con pupilas tan dilatadas? / ¿Y cuál es su técnica para erguir la cabeza? / ¡Lo hace verse tan alto y seguro! / Puedo hacer lo mismo que él, pero no con tal ritmo y tanta gracia.  / ¿Cómo logró besarme y después huir tan fácil? / ¿Cuántos individuos como así existen en el universo? / Pensar en que uno o muchos, hace que cada bellito de mis brazos gire hacia el cielo. / Un día lo sentaré en el pasto / le mostraré el jardín / me dirá la clave para comprenderlo todo / pero aún así, tendré curiosidad.

martes, 22 de enero de 2013

Mugre



Ampollas en las manos
mugre en las uñas
y una trompeda
fuerte en mi oído

Temblorosa tristeza
que se confunde 
con el tiempo
y que vuelve 
siempre
por la tarde 
o por la noche
nos aplasta
y todo
el resto 
menos nosotros
sigue igual 
disimuladamente quieto
definitivamente ciego 
inesperadamente seco

No encuentro 
remedios para
esta tristeza
ni el papel adecuado
para limpiarme
los mocos
son las gallinas
que me dicen
"setecientas horas
es poco
o a lo mejor
es que serán
siempre locos"

Mugre 
en las uñas
y por todos lados
mugre 
en el aire
que nos tiene separados.

Los cansados


Mi cuarto 
se empapa
de humo 
y olor a retorcido.
Microbios en el aire
y esas cosas
que no se nombran 
porque nos volvemos gatos.
En la cocina no hay luz
ni en la vecindad
ni en la calle...
Pichoncito jóven
en la madrugada
calladito
calladito
mientras comienza 
la orquesta
de los cansados.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

La foto


Encontré una foto en un libro de poemas. Rocío y yo. Escaleras del teatro José Rubén Romero, Morelia, Michoacán. Allá por el año de 1991. Calculo que transcurre la tarde porque aún hay sol, pero el edificio de cantera da ya un metro y medio de sombra.
La jacaranda florea, entonces, ¿principios de verano? ¿tendré yo 5 o 6 meses?
Su cabello corto y negro, una playera holgada y unos jeans claros. Aretillos amarillos.
Y yo entre sus brazos, recargando mi cachete derecho sobre su pecho. ¿Estoy dormida o el sol me hace cerrar los ojos? 
Me tiene tomada en sus manos con tanta delicadeza que parece que floto un poco. 
También yo poso mi mano sobre su ombligo apachurrado y mi pequeño trajecito azul se funde en la sombra que creamos juntas.

Ella baja la mirada hacia mí y se le forma en el cuello esa papadita traviesa que nos heredó la abuela.
Una sonrisa quitada de penas, de poses y de agruras; unas manos morenas, vivas y comprometidas con el sol y con los frutos.

Encontré esta foto y
la certeza
de que confío en mí
como maestra. 

¡Es este, es este el momento de la creación!
Y ya pasó…

Nadie se quedó más que una araña y un papel ensangrentado.

domingo, 25 de noviembre de 2012

La línea


La linea adquirió una rigidez poco admirable. Se veía delgada, sin ganas de jugar. Repentinamente muda me volteó a ver, y la llamé hipócrita y me llamó indisciplinada. Me dejó totalmente callada.
Pero de pronto surgió en mí un cosquilleo, como su hubiera abierto una puerta y solo hay una oscuridad reconfortante, sabrosa, dentro del cuarto. Una infinidad de cosas prohibidas e invisibles.
Recobré el gusto por la línea, recobré el gusto y fantaseé con ella, hice el amor con ella e intentó hacerme confesar.
¡Qué sabroso el jaloneo!
Que jugoso vértigo el mirarte en un espejo quebradito sintiendo ganas de penetrarlo todo y convertirte en reflejo.
Me fui, me fui, me fui con la línea; me fui y me zangoloteó y me depositó toda su confianza.
Hasta que te acostumbres, me dijo. Y en ese momento, sin responder nada, vi en el horizonte una gran montaña, tumbando edificios, destrozando casas, alzándose sublime-mente como un largo y gran aviso. Me arrodillé ante ella queriendo confesarlo todo. Extendí los brazos hiriéndome un poco el pecho.
Fui creyente, fui creyente de todo, hasta de las lagañas y de mis propias palabras; fui ferviente adoradora de las rocas, de lo oscuro y de todos los males terrestres.
Pero poco después caí agotada y entendí que aún no soy tan fuerte.
La línea solo rió y me dijo: Probablemente continuaremos, probablemente la próxima vez te alzarás tú sobre mí. 
Pobre línea soñadora que morirá esperando ahí...