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miércoles, 6 de marzo de 2013

Volver al pueblo


Volver al pueblo, regresar para vivir y adoptar las horas como algo que se mide con las carcajadas. Ahí donde los días no existen y se puede uno subir a un poste o ver a los niños subirse a un poste y bailar mientras caen.
Volver al pueblo y ver montañas azules, una tras otra como un eco que contribuye al balance y a la primavera. Grutas y panteones y piedras verdes que se aparecen súbitamente, llamando a veces a los pies, llamando a veces a un encuentro.
Volver al pueblo y ver la locura pelona de los hombres que rugen en la oscuridad y de la oscuridad que ruge por sí sola. Volver al pueblo y adentrarse en las nubes que cubren a las orquídeas y a los pájaros de madera.
Volver y descubrir la medicina de las mujeres que parecen viejas. Volverse fuerte entre las tormentas, mover la tierra y navegar por los espacios que habitan junto al río.
Volver al pueblo, rebosar entre la sopa y el huevo, entre el maíz, entre el yolixpa y el pan dulce, despertar entre los bailes y las sombras que murmuran  mientras observan como madres cariñosas.
Volver al pueblo para volverme una mariposa azul que acompaña a los extraños, volver para encontrar al grillo que canta a las seis de la mañana, volver para ser el colibrí tranquilo  que abre los ojos muy despacio.
Volver a desnudar las tumbas y sacrificar gallinas para clavarme en la tierra.  Ahí donde los arrullos de las palomas brotan en mi cabeza y me siento acompañada.
Volver para conocer a los gusanos que habitan en los hombros como una mochila de amigos que no dejan marchitar al campo.
Volver al pueblo y hundirse con los amaneceres que lo acompañan y lo descubren como si suavemente le quitaran una sábana.
Volver para morir y ser adorno cuando se encienda el más íntimo poema que el cielo regala. 

lunes, 25 de febrero de 2013

La frágil naturaleza de los silencios



Una noche exclusiva para el silencio.
Se mordió los pellejos de los labios como si su carne fuera una pesadilla, el miedo en su rostro cuando le dijo, con los ojos, que admiraba su extraño cerebro; un momento incómodo, tal vez, o una lección de medicina en un slow motion discreto.


Parecían jóvenes sinceros y parecía eso un festival de silencios sin edad, sin embargo las perforaciones en sus pechos comenzaron a provocarles una sensación tan liberadora como opresora y la voz subió por sus cuellos, se deslizó por la pared, realizó varias volteretas y formó un camino por los orificios del oído inverso.
Qué susto. Se impresionaron porque aún no aceptaban la existencia del diablo, pasó el  sarcasmo desapercibido y se tropezó con un lamento. Quedaron callados de nuevo contribuyendo a mutaciones en los ecos.


Qué poco preciso y qué poco nítido describir así ese momento, como un cocodrilo sin textura,  como una falda sin viento.

La frágil naturaleza de los silencios es tan delicada que quizás ni el tiempo…

miércoles, 23 de enero de 2013

Archivos

-Espera...

Fue, buscó en los archivos de su cabeza, encontró, regresó y se terminó de morder un padrastro. Volvió con lo que fue a buscar:

-¡Ramiro, se llamaba Ramiro!

Curiosidad

Y me pregunto ¿cómo el escribir una cosa tan sencilla lo hizo creerse mejor que nadie? / ¿Se puede confiar en gente con pupilas tan dilatadas? / ¿Y cuál es su técnica para erguir la cabeza? / ¡Lo hace verse tan alto y seguro! / Puedo hacer lo mismo que él, pero no con tal ritmo y tanta gracia.  / ¿Cómo logró besarme y después huir tan fácil? / ¿Cuántos individuos como así existen en el universo? / Pensar en que uno o muchos, hace que cada bellito de mis brazos gire hacia el cielo. / Un día lo sentaré en el pasto / le mostraré el jardín / me dirá la clave para comprenderlo todo / pero aún así, tendré curiosidad.

martes, 22 de enero de 2013

Mugre



Ampollas en las manos
mugre en las uñas
y una trompeda
fuerte en mi oído

Temblorosa tristeza
que se confunde 
con el tiempo
y que vuelve 
siempre
por la tarde 
o por la noche
nos aplasta
y todo
el resto 
menos nosotros
sigue igual 
disimuladamente quieto
definitivamente ciego 
inesperadamente seco

No encuentro 
remedios para
esta tristeza
ni el papel adecuado
para limpiarme
los mocos
son las gallinas
que me dicen
"setecientas horas
es poco
o a lo mejor
es que serán
siempre locos"

Mugre 
en las uñas
y por todos lados
mugre 
en el aire
que nos tiene separados.

Los cansados


Mi cuarto 
se empapa
de humo 
y olor a retorcido.
Microbios en el aire
y esas cosas
que no se nombran 
porque nos volvemos gatos.
En la cocina no hay luz
ni en la vecindad
ni en la calle...
Pichoncito jóven
en la madrugada
calladito
calladito
mientras comienza 
la orquesta
de los cansados.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

La foto


Encontré una foto en un libro de poemas. Rocío y yo. Escaleras del teatro José Rubén Romero, Morelia, Michoacán. Allá por el año de 1991. Calculo que transcurre la tarde porque aún hay sol, pero el edificio de cantera da ya un metro y medio de sombra.
La jacaranda florea, entonces, ¿principios de verano? ¿tendré yo 5 o 6 meses?
Su cabello corto y negro, una playera holgada y unos jeans claros. Aretillos amarillos.
Y yo entre sus brazos, recargando mi cachete derecho sobre su pecho. ¿Estoy dormida o el sol me hace cerrar los ojos? 
Me tiene tomada en sus manos con tanta delicadeza que parece que floto un poco. 
También yo poso mi mano sobre su ombligo apachurrado y mi pequeño trajecito azul se funde en la sombra que creamos juntas.

Ella baja la mirada hacia mí y se le forma en el cuello esa papadita traviesa que nos heredó la abuela.
Una sonrisa quitada de penas, de poses y de agruras; unas manos morenas, vivas y comprometidas con el sol y con los frutos.

Encontré esta foto y
la certeza
de que confío en mí
como maestra.