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jueves, 18 de octubre de 2012



Tal vez para eso servimos
y ya
para juntar nuestros labios
para prender una breve chimenea

Tal vez para eso vivimos
para esperar el invierno
y para que el día se cubra de oscuridad
mientras reflejamos nuestros rostros
en un gran lago
iluminado por la luna

martes, 2 de octubre de 2012



Sorpresas y pequeños saltos. La luna que llega con hambre de octubre. No llueve. Como si los zopilotes se hubieran tragado las nubes.
Me asustan estos pensamientos grotescos de cabalgar en tu espejo, de descender el pantano, de convertir mi mano en león y arrancarte las horas. Me arrastro y me trastorno, como un gato en la noche que se hunde. Me arrastro y me transformo, como un fuego que arde en el bosque. 

La fiesta empieza en la piedra roja
y yo me encuentro lejos
a salvo
aullando como un árbol

La fiesta empieza lejos
y en mí
el sueño se cocina como un sapo al sol.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Blues


ni los grillos
ni la lluvia
ni el polvo

ni la piedra
ni el frío
ni el poeta

solo el blues y los fantasmas
pasando por mi estómago
agrietándome las medias

ni los patos
ni la calle
ni el asombro

ni los cometas
ni la ternura
ni la tierra 

solo el blues y las memorias
descendiendo la escalera
transformando cualquier cosa
aceptando tanta espera

ni la joven
ni los nervios

ni lo blanco
ni lo negro

solo el blues
que nombra espuma
solo el blues
que es mi remedio






sábado, 29 de septiembre de 2012

Remedios terrenales


Son remedios terrenales los que yo necesito, son puntillas más filosas, son experimentos con los ojos, son ruedas y distancia, son cortinas transparentes, son guantes de terciopelo y poder pagarle al sol, son inviernos y tocar la nieve, son orejas recién horneadas, son pulmones sin humo, son puñados de cosas picantes y atrevidas, son lentes y oscuridad, son palabras, son polvos y especias, son adornos de la selva, son danzas y teatro, es el arrullo de los pájaros, es continuar como serpiente dejando una suave y constante marca en las arenas del desierto.
¿Para qué otra cosa los dioses me enviarían la juventud, si no es para intentar conseguir pagarle al sol y tocar la nieve, o descubrir palabras y danzar en la distancia?  
Remedios terrenales que se van remediando cada día…

Tentáculos


Se tentó los hombros, como si tuviera tentáculos. Se tentó los hombros pensando en ella, por lo tanto, en él.
Se quitó unas vendas que ya no necesitaba y su piel sintió la exhalación de la tierra, por lo tanto, la de él.
¡Qué armonía su piel! Es decir, qué armonía los cuerpos, qué armonía pensar en que sus dedos bien podrían ser los de él, y por lo tanto, lo son.
Se tentó después la cara, como descubriéndola de nuevo e inhaló la dulce peste de toda la ternura del mundo, por lo tanto, lo inhaló a él. 
Toda la noche, como si tuviera tentáculos y nariz de lobo, alcanzó a cubrir el mundo, es decir, lo alcanzó a él. 

Ciudad espiral


Hoy vi pasar un hombre vestido de vagabundo. A pesar de su pie derecho vendado, con una bolsa sujetada por nudos, cojeaba poco. El hueco sin pelo en su cabeza me dijo que alguna vez se hizo mucho daño y mil historias surgieron en mi mente.
Se agachaba cuando veía una colilla de cigarro, verificaba si aún tenía tabaco para fumar, pero en ese tramo, no tuvo suerte.
Pensé que tal vez algún día yo podría estar en la misma situación. Los giros que da la vida siguen formando un espiral.
Pasó al lado de mí, de mi cigarro prendido y se le quedó viendo, tranquila pero tristemente. Pensé en darle mi cajetilla o un par de cigarros al menos, pero mi mano no entró en mi bolsa, se quedó paralizada, hipnotizada, fumigada por no sé que demonios.
Un fuerte viento me azotó el cabello en la cara y estuve ciega unos segundos.
Al volver mi vista, el hombre vestido de vagabundo ya estaba del otro lado de la calle, lleno del sucio polvo de esta cruel ciudad.
Mi camión llegó soltando chirridos y humo negro y, como un pequeño y torpe robot, me subí en él.
Llegué a mi techo cálido, a mi cocina de mangos y guayabas, pero igual que aquel hombre, llena del sucio polvo de esta ciudad espiral.